martes, 7 de octubre de 2008

Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para curarse una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

Me respondió que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí. Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un alzehimer muy avanzado.

Mientras terminaba de vendar la herida, le pregunté si ella se preocuparía en caso de que él llegara tarde esa mañana. No, me dijo, ella ya no sabe quien soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañado, ¿y si no sabe quién es usted, por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió, y dándome una palmadita en la mano, me dijo: "Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quén es ella".

Tuve que contener las lágrimas, y mientras salía pensé: "Esa es la clase de amor que quiero en mi vida; el verdadero amor no se reduce a lo físico o romántico, el verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será, y de lo que ya nunca podrá ser".

Tomado de alasdiezencasa.com

Al leer lo anterior recordé por supuesto "Diario de una Pasión", y ayer la vi... otra vez, la he visto tantas veces que ya perdí la cuenta... hermosa la historia, de esas que se antojan para propias...

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